jueves, 25 de febrero de 2021

MATAR AL TIRANO EN TIEMPOS DE PANDEMIA, JUAN DE MARIANA

Si de algo podemos los españoles enorgullecernos es de contar con una rica tradición de pensamiento contrario a la tiranía y en defensa de los derechos del hombre. La Escuela de Salamanca, Francisco de Vitoria y sin duda el Padre Mariana son ejemplo de ellos, pero por supuesto que una tradición se reivindica y en ocasiones se  (re)crea, y de esto algo sabemos también, pues la admiración de estos pensadores en gran medida nos ha venido al verla reflejada en escritos de fuera.

El Padre Mariana sin duda es de los más conocidos por haber defendido la tesis del tiranicio en "La Dignidad Real y la Educación del Rey", planteándose la legitimidad de matar al tirano, incluyendo en este concepto al Rey que por mal ejercicio de sus funciones deriva en tirano. No es por tanto el origen del poder lo que convierte a un gobernante en tirano sino que esta condición estaría vinculada al tipo de ejercicio del poder y al mal gobierno. 

Pero más allá de la grandeza de este pensador cuya obra ha sido comparada en cuanto a relevancia con el Quijote, quería trascribir este sorprendente pasaje que aparece en su libro y que no guarda relación con el contenido de la obra salvo en lo referente al momento de su escritura, y que sin embargo cinco siglos después nos habla directamente a nosotros:

"Estaba esforzándome en concluir y corregir este libro, que empecé durante el descanso del verano, cuando una enfermedad inoportuna nos hizo caer en cama a todos los que vivíamos en aquel retiro solitario. Crecieron los ríos con las lluvias del invierno y desbordaron sus orillas, los manantiales perdieron su pureza y las aguas, con su excesiva humedad, dañaron la campiña y los cuerpos de los hombres. Muchos temían que estaban también dañadas las carnes que comíamos, pues los ganados devoraban con avidez el increíble número de sapos que habían aparecido en la campiña. Se extendió el contagio por toda la provincia y sobre todo por las aldeas y los campos, bien porque fuesen allí los aires más libres, bien por estar menos a mano los remedios. El mal se extendió como la peste, y en muchos lugares morían los enfermos abandonados o contagiaban a quienes les asistían. Con este temor los había que no se atrevían siquiera a salir. En las casas yacían los padres junto a los hijos sin que nadie los cuidara, yacían también los cadáveres, como si esperaran a los que iban a morir con la misma enfermedad. Fue, sin embargo, disminuyendo el número de defunciones y remitió la enfermedad, que vino a reducirse a unas tercianas. Pero las angustias que producía la inquietud y el ahogo de los enfermos parecían indicar que se padecía alguna enfermedad contagiosa más grave que una simple calentura. Pasada la enfermedad, se tardaba mucho en recobrar las fuerzas y eran frecuentes las recaídas febriles, como si la fuerza de la enfermedad venciera a la medicación, principalmente  cuando se apelaba a la purga, remedio con que más bien parecía exacerbarse. La cosecha quedó en las eras sin que nadie la cuidase, sirviendo de presa a las aves y a los ganados y corrompiéndose por la abundancia de las lluvias. 

No dejará de ser memorable como pocos el otoño del año 1590. Se interrumpió, pues, nuestro trabajo cuando estaba para terminar. Mis compañeros y mis criados fueron las primeras víctimas de la enfermedad, y entre ellos el amanuense, joven de singular humildad y de grandes esperanzas. 

Me cogió, aunque sin gravedad, de regreso en Toledo; pero, desaparecida la calentura, no pude en mucho tiempo recobrar mi antiguo vigor ni la soltura de mi entendimiento. 

Sé que con los años van disminuyendo nuestras fuerzas y las enfermedades se van haciendo más largas y pesadas, pero otros decían que les  estaba sucediendo lo mismo, no sé si porque era verdad o porque deseaban consolar a los que salíamos mal de la borrasca. 

Lo que me causó, sin embargo, mayor fatiga y quebrantó del todo la fuerza de mi entendimiento fue la muerte de Calderón. Fue el último a quien atacó la calentura, y como no era ni muy grave ni muy aguda, pudo vencerla fácilmente. Se hallaba ya al parecer fuerte y robusto, y dejaba ya el vino por el agua, cuando después de pocos meses recayó, y en siete días perdió la vida." (De Rege et Regis Institutione, Juan de Mariana, 1599 Traducción: Luis Sánchez Agesta)


En este templado invierno de 2021 no puede uno menos que sentirse hermanado con el "memorable como pocos otoño del año 1590"

viernes, 5 de febrero de 2021

YESTERDAY

 Mi hijo pequeño me ha sorprendido con una grata película en su turno de elegir...... Normalmente ambos suelen acertar con sus elecciones pero esta vez además la película era sobresaliente. Imaginad que un evento puntual que apenas dura segundos, un apagón, te hace descubrir que algo ha cambiado y que solo tú lo percibes.... imaginad un mundo en que Los Beatles no han existido, por ejemplo. Solo tú recuerdas las canciones, la música, la letra, e imaginad además que eres músico y hasta este momento sin exito..... El mundo es igual pero algo sutil e imperceptible lo ha empobrecido de una manera que solo el protagonista percibe. No hay una respuesta al enigma de qué ha sucedido, se nos presenta como un hecho respecto al que el protagonista no tiene ni responsabilidad ni capacidad de influir de  explicar.... 


El dilema que se plantea la película no es por tanto científico sino moral, ¿puedes hacer tuyas esas canciones que solo tú recuerdas? ¿puedes lucrarte con ello? ¿ estás mejorando el mundo recuperando un legado que nadie más recuerda?


La película  es sin duda una pequeña joya cinéfila y musical.




lunes, 11 de enero de 2021

Lectura en Pantalla / Lectura en papel

Leo en una entrevista a Gregorio Luri exponer que "la lectura en papel es mucho más fructífera que la que se hace en una pantalla", y me viene a la cabeza una reflexión ya vieja sobre el elevado número de muertos por tuberculosis en una concreta provincia que superaba a la media nacional, y ello pese a tener el mejor clima para dicha dolencia y los mejores sanatorios. 


Evidentemente el mejor clima hizo que fuera zona de sanatorios para dicha dolencia y por tanto atraía los casos más graves a los sanatorios que abundaban más que en otras zonas, por tanto el elevado número de fallecimientos no era un mal dato puesto que habrían fallecido más de no haberse desplazado los enfermos. 


Me faltan datos para valorar la frase de Luri pero me ha llamado la atención puesto que yo leo más en digital y le reconozco numerosas ventajas: la comodidad, la capacidad de adaptar la luminosidad o el tamaño de la fuente y de la línea, lo económico de los libros y sobretodo el ahorro en espacio y la facilidad de adquirir los libros.... quizá esa facilidad de tener contenidos en pantalla sea como el mejor clima de aquella provincia y por eso el resultado sea menos fructífero que  para aquel que busca un libro, lo compra o lo pide prestado, debe esperar a tenerlo porque debe desplazarse para conseguirlo, debe dedicarle un espacio y un tiempo concreto y además quizá tenga capacidad para recordar la edición bellamente encuadernada o el momento en que lo leyó o las circunstancias en que lo compró.... 


Lo dicho: me faltan datos para valorar la frase de Luri pero sea cual sea lo cierto es que la lectura en pantalla viene a añadirse a la lectura en papel.

jueves, 7 de enero de 2021

La botella de vino

Cuando era pequeño, con unos trece años, viajé a Aragón y Cataluña con el colegio y en una parada del viaje compré una botella de vino para mis padres decorada con los colores típicos de la vestimenta maña o baturra, con una faja y un sombrerete a cuadros rojos y negros, me costó 700 pesetas. También compré algo de artesanía, un bote de lápices, unos platos de decoración, y alguna figurilla de la Moreneta y de una pastorcillo aranés  que repartí en casa con ilusión..... Aquellos recuerdos de viaje que regalé los recogería muchos años después abandonados y olvidados por sus destinatarios cuando tocó deshacer la casa, digamos que más de treinta y tantos años después .... 

Todos los conservo menos aquella botella que dejé para el olvido en una repisa, y allí quedó con su sombrerillo y su faja y su precinto que nunca fue abierto. No sé quien diría en su momento, si fue mi padre o mi madre o quizá yo, que aquella botella se abriría en alguna ocasión especial, ocasión que nunca llegó o si llegó no nos cogió para celebraciones. 

De alguna manera ver aquella botella sin abrir con su contenido echado a perder en que el tiempo había obrado el milagro de la conversión del agua en vino pero a la inversa me hizo reafirmarme en una convicción que tengo y que por simplona que parezca a veces olvidamos: que las cosas son para usarse, por eso desde hace años leo los libros que me regalan y estreno la ropa casi de inmediato. Algo que en estos días de Reyes procuro cumplir a rajatabla.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Buffy y la Muerte

 

Con hijos preadolescentes hay una serie que se puede ver en familia, es Buffy la cazavampiros. Una serie que fue icónica, con humor, aventuras y ritmo trepidante pero que a mi me llegó tarde porque cuando uno está terminando una carrera de Leyes no es cuestión de ponerse  a ver series juveniles de vampiros y  demonios  por muy paródica que pueda ser o quizá precisamente por eso….

 

En Amazon Prime video han sabido rescatar esta serie y lo agradezco. Apenas la conocía más que de refilón, y en una temporada avanzada hay un capítulo excepcional. Muere la madre del personaje. 


El capítulo es sobrio, duro, realista. La protagonista llega a su casa y encuentra a su madre muerta de una aneurisma cerebral, su cuerpo está rígido sobre el sofá, los ojos abiertos, la muerte es irreversible…. El argumento no gira entorno a vampiros, o salvar el mundo, solo nos muestra la muerte que se da como un hecho ante el que los personajes reaccionan.

 

No asistimos al espectáculo de una agonizante explicando a su hija lo mucho que la ha querido y que debe continuar. Está muerta desde el principio. No hay música de fondo en ningún momento, no hay disgresiones ni humor que rebaje la tensión, solo una hija que no acierta a reaccionar, que se siente culpable por no haber llegado antes, que no sabe a quien avisar, que va al instituto a decírselo a su hermana, y como espectadores lo vemos tras una cristalera, desde los ojos de los compañeros de clase que ven en silencio, sin oir las palabras, cómo conoce la niña la noticia, cómo se derrumba y entra en crisis,… todo en silencio adivinándose las palabras, los gritos, el llanto…..

 

Hay momentos en que la ficción supera sus límites para recordarnos que todos compartimos travesía, que como a Shylock el judío, si nos golpean nos hacen daño, y la vida golpea una y otra vez… Los actores de Buffy son hoy cincuentones, los años pasan y con ellos la vida

lunes, 9 de noviembre de 2020

Posdata

 

Leer un libro de Historia de la Filosofía y descubrir que la mayor parte de lo que han pensado los grandes (y los pequeños) no te interesa…. El problema del cambio, del ser, los juicios analíticos, el argumento ontológico, las mónadas, nombres de autores y escuelas…. Palabras ¿vacías? O es que quizá, simplemente ya no interese lo que creí que me interesaba….

Tener una buena base intelectual es importante pero no basta. Alemania fue el país más culto y cultamente eligió a Hitler; Italia, crisol de culturas y razas, encumbró a su Benito, y minorías cultas y formadas en la vida y en los libros han guiado las revoluciones en Rusia y en las Américas de lengua española para imponer sistemas de crueldad inusitada. Dios anda entre los pucheros dijo la de Ávila, sustituyamos Dios (Ser necesario) por Lo importante, Lo bueno, Lo deseable y veremos que es cierto que anda en lo pequeño, lo cotidiano… los pucheros…..

Hoy un hombre bueno, anciano y cansado, delante de su esposa, enferma de olvido, me decía que no renegaba de la vida que había vivido, que en cierta forma ahora pagaba, con cuidados y desvelos constantes hacia su compañera, los buenos ratos vividos…. Pero me dice que si hubiera sabido lo que los años le aguardaban habría vivido de otro modo y trabajado menos… y seguramente no estaría ahora con ella.

Hace tiempo intuí que el problema de la Justicia y el Derecho era solo cuestión de convención. No existen los derechos ni naturales ni civiles, son relatos que aceptamos y vivimos esa pequeña obra de teatro interpretando un papel en que aceptamos las convenciones como datos. Amigos liberales se llenan la boca con palabras como libertad y propiedad, otros, menos amigos y más de izquierda, hablan de justicia y derechos, pero nada de eso es real, solo son reales las consecuencias: prosperidad o pobreza, y ese hombre que cuida de quien le amó y ahora no le reconoce, donde la sonrisa de un minuto es el grito y la violencia del siguiente. No me hableis del sentido de la vida, del ser de las cosas, de lo Necesario y lo Contingente, porque al final solo existen los pucheros, la sopa caliente y el calor que te arropa mientras fuera hace frio

viernes, 4 de septiembre de 2020

Películas de Miedo


 No suelo ver películas de miedo, pero reconozco que tienen gran predicamento. Me dan pereza.

Últimamente estoy viendo algunas, de esas que se consideran clásicas, y, ahora, con el distanciamiento emocional que da el tener una cierta edad, veo que a veces son más graciosas que otra cosa, que suele morir menos gente que en cualquiera de las de género negro (no digamos ya bélico) , que recurren a los clichés y abusan de ellos y que cuando sus historias no tratan de meros psicópatas asesinos sino que incluyen algún elemento sobrenatural los efectos especiales han envejecido mal.  Imagino que me estoy reconciliando con este género, aunque sigo pensando que el doblaje de El Resplandor es de juzgado de guardia

jueves, 20 de agosto de 2020

Más sobre los libros

 

Finalmente me ha llegado el libro "La Juventud en el Mundo Antiguo". El estado de conservación es bueno sin ser excelente. Tiene dos marcas: una huella dactilar parcial en la cubierta y la apostilla en su interior de un exlibris donde se lee claramente Amalia Tineo. Dos rastros indelebles de quien fue su primera dueña.

Amalia Tineo y Gil es fácilmente localizable en internet. Nació en 1909 y falleció a los 97 años en 2007. Fue una de las alumnas que participó en el crucero por el mediterráneo. Gran amiga de los poetas Salvador Espriu  y Bartolomeu Roselló-Porcell, tras la muerte de estos sería albacea de sus papeles, lo que indica un gran nivel de complicidad y respeto. 

Hay fotos en la red en que se la ve disfrutando en la cubierta del barco. Su nombre aparece citado varias veces  en una monografía sobre aquel viaje (El sueño de una generación. El crucero universitario por el Mediterráneo de 1933) incluso allí se narra un mareo que sufrió al descender en barca. 

Licenciada en Filosofía con premio extraordinario en 1934 realizó una tesis sobre Husserl y llegó a ser la primera mujer profesora asociada a la Facultad de Filosofía de Barcelona. Su alumnos recuerdan lo extraordinario que era aquella mujer, que conocía Estambul , Ecuador, Nueva York, y habia estudiado en Paris y Alemania. La wikipedia catalana nos indica que "fou [...] un símbol del l'alliberament de la dona en el anys republicans"

     Entiendo que tras su muerte su biblioteca se deshizo (Javier Marías ya dijo que en gran medida todos hacemos nuestra bibilioteca de los libros de otros) aunque espero que de alguna manera le hubiera consolado saber que este volumen acabaría en manos de alguien que lo apreciara, un libro que para ella debió ser algo más, lo vería como una parte de su vida, como fotografías de un viejo álbum, recuerdos de un tiempo quizá dichoso.

  

Otra vez la vida de un libro como objeto se me revela más ilustrativa que su contenido. 

En el texto se ve las impresiones del viaje en los tres autores, textos intensos pero, sinceramente, con un interés limitado, pues por lo que veo pecan de la grandilocuencia de la juventud (“bajo el vuelo soberbio del gavilán dormía lejana la gran pirámide” pág. 31 Carlos A. del Real; “en la piedra de las paredes, muchas menudas figuras  andan afanosas en diversos quehaceres” pág. 207 J. Marías ; “solo de noche, a la fría dureza de la luna, sus callejuelas beatas parecen enarcarse y despertar del profundo sueño de la siesta para repetir en los juegos de sombra su calvario” página 283 M. Granell). 

Sin duda es interesante saber lo grandioso del arte egipcio y del oriente, pero más nos dice de la historia y las personas que la hicieron (y aquí  no se cuenta) conocer que el sabio ilustre y algo despistado García Morente durante el viaje gustaba de ser informado por las alumnas de los romances que en el crucero se producían y cómo exclamaba escandalizado “¡Pero si es casado!” despertando la hilaridad de las muchachas que le iban comentando las vicisitudes…

 

Un viejo cuento de ciencia ficción narraba un experimento: recrear el sonido, a modo de como lo hace un tocadiscos, que las ondas sonoras podrían haber dejado marcado en las piezas de alfarería realizadas con torno en tiempos pasados. El experimento es en parte un éxito y en parte una decepción. Los científicos oyen como un viejo sacerdote pagano le dice a un alfarero que los dioses le han dado a este el poder de grabar sus saberes en la arcilla para la posteridad, que por tanto les hable y les transmita todo lo importante, porque un nuevo dios de intolerancia se acerca y acallará sus voces. El alfarero le habla a sus piezas y deja mensajes que los científicos escuchan. Todo resulta ser datos irrelevantes: no vayáis por tal camino, no te fíes de fulanito, no le dejes dinero a mengano…..Los científicos concluyen que en ocasiones da más información lo que de forma involuntaria queda que lo que entendemos como importante …  Para muestra de esa verdad nos quedan dos ejemplos “en la piedra de las paredes, muchas menudas figuras andan afanosas en diversos quehaceres” “¡pero si es casado!”

miércoles, 19 de agosto de 2020

La vida de los libros

 

En ocasiones hay libros cuyas vicisitudes son tan o más interesantes que lo que cuentan. Una vez en una Charity Shop compré, entre diversos libros en inglés, las memorias de Thatcher por un euro, lo mejor resultó ser, sin duda, la afectuosa dedicatoria manuscrita de los padres a una hija que indicaba que era un regalo de cumpleaños a Jocelyn….. Imagino el momento de la entrega y el de escribir aquellas líneas manuscritas, ¿Quién les podría decir entonces que muchos años después, en Mallorca un abogado alicantino compraría el mismo ejemplar que ellos habían regalado? ¿Qué fue de aquella familia, me pregunto, habrán fallecido, llegaría el libro a España como lectura ligera de verano?..... 


También adquirí, en otra charity shop (donde las dueñas tomaban el té en una mesita de camilla) otros volúmenes sin saber nada ni de los autores ni de las obras; una resultó ser un libro infantil bellamente ilustrado con dibujos a pluma sobre el mundo al que van los niños no nacidos (abortados) escrito por una actriz de Hollywood de los cincuenta cuyo nombre nada me decía. Me pareció tierno y hermoso aquel alegato a la vida, a remover conciencias, escrito por alguien tan ajeno a mí y que aparentemente debió vivir un mundo de frivolidades que abandonó…. Otro era una novela contemporánea escrita por una mujer joven (a juzgar por su foto) y de quien google me informó de una irrelevancia, que era lesbiana, y de una tragedia, que había muerto prematuramente en la flor de la juventud, truncándose así una prometedora carrera….

 

Pienso en un libro que, desde que supe que existía he buscado, por su autor y sobre todo por su historia: “Juventud en el Mundo antiguo”. Un viaje por el mediterráneo de la flor y nata de la juventud española, de los años treinta. Me llamaba la atención  por su autor Julián Marías, y hace poco descubrí que otro de los coautores había sido Manuel Granell, filósofo orteguiano que desarrolló su carrera en Caracas, escribiendo libros y dando clases en la universidad. (Lástima que en aquella sociedad, como en tantas otras los anhelos de excelencia, exigencia personal y libertad hayan sido ahogados por la demagogia…..) El autor principal de aquel libro no fue filósofo sino historiador, y solo cinco años más tarde de su publicación denunciaría a Julián Marías, que lo tenía por su mejor amigo, ante los tribunales franquistas, y quince años después publicaría un artículo “Revisión de un viaje” en que renegaba de la obra “«casi me parece que no tengo nada que ver con él»” pondría en negro sobre blanco, un libro que tildaría de ladrillo y de piedra. Este señor fue discípulo de un tal Martínez Santa-Olalla, que le secundó en la denuncia, catedrático de historia y amigo de Himmler y que debió ser lo más parecido a un nazi que hubiera en España pues hablaba de la raza aria en España. Murió a principios de los setenta al parecer por los disgustos causados por alumnos contestatarios cansados de que aquel hombre hiciera dejación de sus funciones como docente. Su discípulo, el coautor, moriría en 1993, tendría yo veinte años y perfectamente lo habría podido conocer. Buscando por internet veo que publicó diversos libros que editó Espasa Calpe, y la verdad es que recuerdo ojear en los extensos índices de obras publicadas de la colección austral (aquellos que aparecían al final de sus libros en letra prieta y menuda) y ver alguno de aquellos títulos llamándome como cantos de sirena. 

A despecho del futuro que vendría, ahí quedan hermanados en el libro que nunca se reeditará los nombres del delator y de Marías junto a Granell. Imagina uno la ilusión de aquellos tres muchachos de veintipocos años al tomar el primer ejemplar en sus manos, extasiándose al ver sus nombres junto al de sus amigos, los imagino regalándolos a sus familiares, quizá escribiendo tiernas dedicatorias, poniéndolos en un lugar visible en su habitación y pensando en el futuro que tenían por delante como en esa hoja en blanco en que escribir un futuro grandioso sin saber que lo emborronarían uno con la cárcel, otro con el exilio y el peor de todos con el deshonor, la delación y la inautenticidad libremente elegidas.


jueves, 16 de julio de 2020

La mecedora

De niña, muy de niña, se tumbaba en el altillo de su casa, el “sostre” decía tomando la palabra de otra lengua, o bien lo hacía sobre la paja del almacén y soñaba despierta.
 
Algo de brujilla debió de tener, con la mala fortuna que, siempre según sus palabras, soñó sin dormir tres sucesos de las cuales dos tuvo la desgracia de vivir y marcaron su existencia. Al decirlo, su auditorio era mínimo y muy cercano, traslucía tristeza sin atisbo de afectación ni punto de teatralidad. No estoy seguro de haber sabido comprender el sentido de aquellos miedos reflejados en resignación ante la tercera de las cosas que soñó y no reveló, y por ello no sé si la llegó a vivir….

No sabré nunca si las que vio realizadas fueron la pérdida de seres cercanos y si la tercera fue otro tanto o afectaba a su propio bienestar, pero siempre que ella veía las vistas desde su balcón decía apreciándolas “aquí me sentaré yo en una “mesedora” mirando la calle con la mujer que me cuidará cuando sea mayor”.

Hay tanto que nos dicen a media voz y que apenas entendemos y tantos miedos que preferimos dejar olvidados antes que volver a ellos, que uno no puede dejar de sentir que vivimos entre lo inexplicable, quizá lo sobrenatural, puesto que a fin de cuentas pensar que todo es racional no deja de ser un acto de fe.

martes, 14 de julio de 2020

El Rey y El soberano


La constitución indica que la forma política de España es la monarquía parlamentaria, pero mi profesor de Derecho Constitucional solía decir que eso estaba mal, que la forma política de España es la democracia. 

Democracia lo es porque el poder emana del pueblo y por tanto tenemos rey pero no soberano, o mejor dicho soberano es el pueblo en su conjunto y como tal. Juan Carlos pudo ser un gran rey, y seguramente lo haya sido, pero le ha faltado aquello que Valle Inclán le dijo al torero después de una tarde grandiosa “maestro, solo le ha faltado morir”.

No sé qué imagen guardaremos del monarca emérito, puesto que la realidad es poliédrica pero la que hoy corre por los medios es la de un anciano amigo del buen vivir, del dinero fácil y de las rubias. El Rey es cabeza de la Nación, y esta Nación que no sabe en ocasiones ni qué es ser nación tiene una cabeza proporcionada al resto del cuerpo.  

Pero no nos engañemos la monarquía no es el Rey, es una institución que hunde sus raíces en el pasado, y nos une con el futuro. Podemos cambiar de rey, de hecho ya lo hemos hecho,  y nada debemos al emérito que ha gozado de reconocimiento y prestigio bien ganado, pero también padecerá del descrédito si resulta que se lo ha ganado. Eso es lo que hace grande a nuestro actual democracia, no hay lealtades ciegas y las que pueda haber lo serán por adscripción voluntaria y personal y no por destinos en lo universal de una colectividad.

Porque sigo siendo monárquico creo que siempre es bueno desmitificar a la persona, juzgar lo que de censurable tenga y renegar de sus errores poniendo negro sobre blanco lo que hizo mal para mostrar al que le suceda que cada día debe hacer honor a su cargo, que ser Rey de España no es ser Barón de la Patata, ni Archiduque de la Zapatilla, y deberá recordar siempre el viejo juramento de las cortes de Aragón "cada uno como Vos, todos juntos más que Vos".

“Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros Fueros y Libertades; y si no, no”.

sábado, 27 de junio de 2020

COBARDIA DE LECTOR



Pienso que a ese lector que llevamos dentro lo define no sólo los libros que ha leído y los que quiere leer sino los que no quiere leer.


En mi caso hay libros que no quiero leer y de hecho he dejado inacabados o incluso en algún caso he borrado de mi libro electrónico. Entre ellos puedo recordar una ficción novelada de Pérez Andújar, escritor barcelonés que para mi fue una auténtica revelación, llamada "Catalanes Todos". 

"Los príncipes Valientes"  de Pérez Andújar y su "diccionario enciclopédico" está entre lo mejor escrito en castellano, pero Catalanes Todos es una novela que pretende desmitificar la resistencia catalana a Franco mostrando una caterva de personajes y situaciones que muestra un apoyo activo a Franco por quienes luego se pondrían la medalla del victimismo. 

Después de leer un tercio de la novela y ante una escena especialmente escatológica pensé que no tenía necesidad de seguir dedicando tiempo a aquello que no me interesaba.... 

De Cela también he leído y disfrutado varios libros, especialmente sus libros de viajes, donde narra con gracia, humor socarrón y una fina sensibilidad los paisajes que recorre pero nunca he tenido suerte con su ficción, especialmente con su primera novela "La Familia de Pascual Duarte": la compré, la empecé y la abandoné casi desde el principio, cuando el perro de caza sufre un lamentable percance.... "Tremedismo" bautizaron su estilo, añadir sangre a la sangre y barbarie a la barbarie.... No dudo de su fuerza renovadora pero personalmente el mal rato que me hizo pasar hace que más que rechazo guarde rencor a esta novela. 

El bolígrafo de Gel Verde fue una novela que tuvo sus diez minutos de gloria, recuerdo empezarla con curiosidad, con esa etiqueta de haber triunfado en el mundo de la autoedición, recuerdo, digo empezarla, y aun recuerdo más abandonarla ante el temor de que un personaje infantil le sucediera un accidente traumático...algo relacionado con unos niños jugando con ladrillos y tejas..... 

Me quedará la duda si la angustia que me suscitaba respondía o no a la historia o era un exceso de escrúpulos por mi parte; si alguien tiene la respuesta que me la ahorre.

De García-Valiño leí la novela "Las dos muertes de Sócrates", una recreación de la Atenas clásica que me gustó aunque no con exceso y me hizo ver con de forma diferente aquella atenas, los sofistas y en especial la figura de Sócrates, al menos ahora comprendo cómo hacer compatible la humildad de su apología con ser el maestro de Platón, el gran detractor de la democracia y germen de muchas ideas totalitarias.


Animado por esta experiencia empecé a leer la que parece su gran obra "Querido Caín", y la abandoné a las pocas páginas al empezar a intuir que la muerte del perro la había causado el niño. Nunca sabré las hondas reflexiones sobre el origen del mal que la novela contiene.....simplemente mi cobardía como lector me impelía a no continuar por determinados senderos.

Imagino que para ser un buen lector se debe ser valiente y no temer leer cómo matan un perro, muere un niño o leer escenas truculentas en unos urinarios con mendrugos de pan ... No soy por tanto un gran lector, pero al menos me ahorro pasar malos momentos. A veces me preguntan por qué no me gustan las películas de terror y contesto: porque me dan miedo..

lunes, 22 de junio de 2020

Haciendo balance


Hace años que no veo el video de mi boda porque casi del primer momento se llenó de ausencias sobrevenidas... hay tantos que ya no están que la felicidad de aquel día contrasta con el dolor de saberlos perdidos....., algunos eran cercanos y a otros apenas los conocía, como un niño, hijo de unos invitados, que murió al poco de una enfermedad que ya padecía. Todos pasaremos, pero no deja de sorprenderme que los vídeos y las fotos de alguna manera muten en recuerdo de ausencias.

Rafael Hidalgo en su cuaderno de bitácora, "Polizón y náufrago", descubre sorprendido que han pasado diez años desde que lo empezó, y como el verdadero viaje es el retorno, en los aniversarios quizá valga la pena marcar la pauta y hacer balance.

Marías hablaba de las actividades felicitarias, un concepto a recuperar lejos del utilitarismo. Deberíamos emplear la mayor parte del tiempo del que disponemos en hacer aquello que nos hace feliz. Los proyectos vitales son tan variados que no hay recetas universales, no hay planos sino brújulas en este afán que es la derrota de cada día. A veces escribir un diario, publicar un blog o pintar una pared, puede que nada cambien pero dan argumento al día.


Un viejo cuento de fantasía narraba la historia de un anciano, gruñón, huraño y mezquino que al morir descubre que el cielo es exactamente igual que la vida que vivió: triste, oscura y pobre. El ángel que le explica su nueva situación se la muestra feliz: hemos, le dice, reproducido su vida tal como usted la eligió hasta en las manchas de humedad del techo. Y cuando el anciano protesta le contesta: pero no lo entiendo, usted tuvo ocasión, dinero y medios de vivir otra vida y fue esta la que día tras día decidió vivir, ¿cómo quería entonces que fuera su cielo?

jueves, 18 de junio de 2020

Principe Valiente

El Príncipe Valiente es una historia creada por Hal Foster, idea, guión y dibujo fueron suyas durante décadas, cediendo solo por el peso de la edad el dibujo y por la fatalidad de la muerte el guión. Foster , como muchos de aquellos historietistas que publicaban en periódicos estadounidenses, fue un privilegiado a la altura de las grandes estrellas del deporte o del cine. Aun tardaría muchos años es despegar como fenomeno de masas el comic que se publicaba en pasta barata (pulp). Las historias que foster escribió y dibujó para su principe destilaban épica, grandeza, belleza y humor. En la introducción de una de las diversas ediciones en español el prologuista habla de como aquellas páginas dominicales daban una nota de color y fantasía en un mundo donde el cine y las revistas eran en blanco y negro. Esa imagen es poderosa, imagina uno al niño de 1937 oteando por encima del hombro de su padre para poder seguir aquellas aventuras en lugares exóticos de caballeros viriles, mujeres hermosas, malos feísimos, y paisajes coloridos.... pero hay algo falaz en esta imagen como lo hay en las viejas fotografías color sepia... y es que el mundo siempre fue en color, las mañanas serían brumosas o despejadas pero tras las nubes estaba un cielo azul como azul era el mar, las estepas variarían del dorado arenoso al verde, los grandes bosques o los pequeños jardines siempre habrán sido para un espectáculo cromático para quienes los podían disfrutar.

Lo grande del Principe Valiente no era lo que pudiera tener de colorido , sin desmerecer el cuidado con que imaginamos al niño recortando sus páginas y guardándolas para otras lecturas, sino que lo que lo hace especial es lo que comparte con las grandes gestas que siempre se han contado de héroes, dioses o semidiosES.

viernes, 5 de junio de 2020

La casa de la niñez


La casa de la niñez es de alguna manera una presencia callada que acompaña como recuerdo permanente de aquel primer refugio del ser primitivo y naif que uno será en la primera edad.


Aunque no lo sabré entonces, con el tiempo mi casa de Almoradí será una constante real, casi tangible, un lugar habitable en el recuerdo por el que pasear escuchando, no el ruido de los pasos en el silencio, sino el del recuerdo del ayer en el presente.

Como primera imagen recordaré, con los años, su suelo de aguas verde jaspeado de la entrada con su penetrante y hogareño olor de recién fregado. Recordaré siempre abierta al llegar del colegio la puerta de la vivienda, Tomas Capdepón 10, la recordaré abierta como siempre recordaré cerrada la del piso de la ciudad a la que luego iré a vivir. 

Una puerta abierta pero resguardada por la persiana bajada, y traspasar aquella persiana será penetrar en la particular Narnia de la infancia, el País de Oz de los primeros días, volver a un tiempo en que todo estará por dibujar. Aquella persiana de lamas de madera finas y pintadas dará luz, dejará pasar el aire y proporcionará una intimidad cierta que podrá ser rota por la voz del primero que la separe y grite “Trina” anunciando visita o un simple recado. Recordaré aquella persiana pero no me vendrá la imagen de la puerta, como si está no hubiera existido.

En el recodo del pasillo a su derecha me recibirá el comedor con su aparador de color claro y espejo gigante en que de niño y a punto de romper en llanto alguien me hará una foto al cumplir el año frente a una tortada de almendra y merengue.

El mismo recodo dará acceso a las dos alcobas. Una será la que compartiré con mi hermano, inmensa con dos armarios donde esconderse y dos camas bajo las que resguardarse en los juegos y las guerras. Uno de aquellos armarios acogerá durante años en su parte superior, en su altillo, una (re)colección de muñecas tipo Nancy con la que nadie jugará. Será fama en los años futuros que el niño que fui en algún momento las destrozará.  No recuerdo poder llegar al altillo ni alzado sobre una silla, pero si lo hice, si fui el autor del impune muñequicidio (pues no puede haber mayor delito que romper los juguetes de otro niño) aquel recuerdo se perderá en ese mar de olvido que es la infancia. La fama justa o injusta quedará, sí, pero no quedará en mi el recuerdo ni habrá testigos de aquello. La otra alcoba, la de las chicas fue en su día despacho de papeles, una sala estrecha sin condiciones, en que, una vez reconvertida en tiempos de los que no hay memoria, llegará a albergar a mis tres hermanas, hasta que la mediana sea exiliada al cuarto de los nenes en una especie de cama mueble.

Si la ventana de la habitación de los padres se abrirá al patio interior, las de estas primeras habitaciones alumbrarán a la calle. En una de ellas alguien me hará una foto con la blanca fachada de fondo en se me verá sentado en el alfeizar. Me veo con gesto adormilado o quizá enfadado, con un pantaloncillo corto y una camisa a rayas marrones muy de los setenta, las sandalias serán de un diseño elegante y funcional, las recuerdo cómodas…. Con las fotos pasa que a veces recordamos el momento pero no el contexto, como una isla en un mar de olvidos.

Por el gesto y la pose, mi hermana bromeará años después llamando a la foto “rebelde sin causa”, pose que ahora sé será la de quien sueña mundos que no eran ni fueron ni serán. Mundos de certezas con sus días iguales, sin cuitas ni dolor. Quizá James Dean también soñara con mundos que no serían, mundos en que envejecería feliz rodeado de los suyos.

Será aquella casa, en que hoy paseo, un lugar lleno de rincones cada uno con su misterio. Misterios con los del armario del patio, con el intocable vestido de boda de la que fue novia y luego esposa para luego dejar de serlo. Misterios como el de la puerta directa a la habitación de mis padres, por la que, cuando de noche se abra, será ángel o diablo quien acuda, enfadado más que preocupado por los lloros de un niño con miedos nocturnos, a poner remedio cada uno en su estilo de ángel o demonio. De aquella puerta recordaré, o elegiré recordar, de la diversa hemeroteca vital que me acompaña, la dulce sensación de ser cogido en brazos, alzado y llevado a compartir el lecho suave de la cama de los padres.

El comedor será inmenso, como lo será la cocina y hasta el aseo en cuyo lavabo, todas las mañanas que ya no volverán, quedarán los restos de espuma y pelillos de afeitado del padre, una espuma sólida y corpórea que seca servirá al niño que fui de diversión al disolverla con el agua del grifo.

En el patio al que se accedía por la cocina, con pozo, aljibe y un gran ventanal en su fondo que iluminaba la habitación de los padres recordaré en los años que vendrán después estar jugando con un pequeño camión de bombonas de butano, el rosebud particular del niño que soñaba con ver bien. Había una escalera, de peldaños altos, que hacía recodo  en su subida a la terraza, una terraza de losetas estrechas y claras. Aquel recodo, en medio de la escalera, lindaba con la tapia del patio de la casa de atrás, un patio al que nunca lograré asomarme pero que se me representará selvático e inquietante. Una tapia que une y distancia. En el terraza azotea el niño que seré, se subirá escalando por las tejas a la parte alta del tejado de dos aguas a ver la caída al vacío hasta la calle; no recordaré nunca haber llegado a lo alto pero sí volveré a sentir la sensación de subir lo prohibido, arriesgando la vida para ver más allá sin llegar a alcanzar el horizonte.

Aquella casa, hoy sustituida por un anodino edificio de pisos, será siempre un lugar al que volver, un lugar donde poder vislumbrar un tiempo en que todo estaba aún por suceder.