miércoles, 29 de marzo de 2023

¿El cabo del miedo?

Una persona que lucha porque en su DNI se refleje que es mujer, y a la que debo representar en una causa penal por designación de Turno de Oficio me escribe ayer, que me va a denunciar por machista, porque no me gusta el Centro Mujer 24 y porque al parecer soy de Vox. Esto lo hace tras enfadarse porque no quiero presentar un documento concreto porque, le digo, "aun no es el momento procesal oportuno".

La razón por la que me quiere denunciar es porque yo no quiero renunciar a representarla "por las buenas", y que si quiero ir a las malas pues irá por las malas


El motivo por el que yo sería machista es por haber dicho que ser mujer no es una discapacidad ni una eximente de responsabilidad penal. Algo en lo que me reafirmo.

Que no me guste el Centro Mujer 24 horas es simplemente incierto, ni me gusta ni me disgusta, simplemente cuando estás ante un tribunal estás tú solo como letrado, no está el centro mujer en el estrado, y lo que no me gusta ni del Centro Mujer 24 ni de ningún otro centro es lo fácil que es, desde una oficina, juzgar el acierto o desacierto de un profesional en función a lo que alguien descontento les está relatando. 

Y que me atribuya ser de Vox, vendría porque en mi estado de whatsapp, el día de la moción de censura,  puse una foto del libro de Tamames Historia de Elio, y la frase "leyendo un clásico". El libro no estaba mal, al parecer fue finalista al Premio Planeta, y cuenta una especie de futurible sobre cómo podía ser la transición cuando el dictador estuviera moribundo, y cómo Elio frustraba una represión militar que habría implicado miles de fusilados, mediante una emisión televisiva logrando que el pueblo saliera a las calles y le aupara hasta el congreso en un traspaso pacífico de poder. Esto lo escribió en 1975, cuando todo estaba aun por hacer, y no carece de cierto mérito literario.

Que me asigne una adscripción política concreta casi es de agradecer porque, pese a los años, aun no hay día en que no cambie dos o tres veces de idea. Estas certezas oídas de labios ajenos casi dan un asidero al que agarrarse y sirven para apreciar como te ven los demás.

Cuando yo empecé este tipo de roces me habría generado cierta inquietud y quizá angustia existencial, ahora no, porque uno se curte con los sinsabores, y me haría hasta gracia si no pensara y me apenara que esa persona tiene problemas graves de verdad, algo que se barrunta en cómo acaba su último Whatsapp, con un ¿lacónico?  "JA, JA, JA".



(Le comenté esto mismo a un amigo y me preguntó "¿y por qué no renuncias, es que te compensa esto?" Pues si no renuncio es porque en penal no es un derecho del abogado renunciar a los asuntos de turno de oficio, solo se acepta a las mujeres en casos de violaciones, algo que además se hace contra legem y sin darle al asunto publicidad. Si un abogado de turno de oficio pudiera renunciar por algo tan nimio como la rabieta de alguien con poca capacidad para la frustración, los casos más duros e impopulares tendrían dificultad para que un abogado los aceptara)

miércoles, 22 de marzo de 2023

Del humor y de la gravedad

Hace tiempo que lo leí, pero mi recuerdo de La Regenta es la de un libro con mucho humor. Un hijo mío ha empezado a leerlo por gusto que es como se debe leer, para hacerlo a disgusto mejor irse de paseo. Recuerdo que cuando a un secundario le están explicando que un cuadro es de tal o cual época este personaje pregunta por la oscuridad del cuadro, y el cicerone le responde con desgana: eso es la pátina del tiempo. A partir de ese momento esa expresión "patina del tiempo" es para el señor sinónimo de calidad y  la utiliza reiteradamente sin venir a cuento cuando el lector sabe que no es más que la mugre y humo de cirios que impregnan como grasa la obra ocultando sus valores. En otra ocasión un ateo logra convencer a un adepto que termina muriendo por otros motivos y es enterrado en el cementerio civil, solo el ateo va al entierro y a la vuelta llueve y diluvia anocheciendo pronto, lo que provoca auténtico pavor en el ateo porque si bien es cierto que dios no existe ¿y si sí?.... Así vamos asistiendo en la novela a una serie de apuntes humorísticos como el que sostenía defender sus puntos de vista "sucesisorbe" ( "a la ciudad y al mundo" en un latín macarrónico) cuando lo que quería decir era que y si no te parece bien salimos a la calle. 


Hay en la literatura española un curioso amor por el humor con un punto de socarronería. Desde el Mio Cid en que este, tan nombre y caballero como buen cristiano, estafa a unos judíos con arcas llenas de arena haciéndolas pasar por arcas llenas de oro (lo que presumiblemente causaría hilaridad a los oyentes del juglar) pasando por las Serranillas del Marqués de Santillana, la Celestina, el lazarillo  el quijote, Quevedo, todo Pérez Galdós y así sin interrupción.

¿Por qué entonces asociamos a los libros a un señor serio y severo que cual domine cabra nos reprende?

Quizá haya algo pendular en nuestra tradición patria en que lo vivo y espontáneo convive con aquella "gravedad española" con que se nos conocía en Europa en tiempo del Rey prudente, aquel que hizo vestir de negro a todas las cortes europeas







miércoles, 1 de marzo de 2023

El último refugio de los canallas

Hoy es noticia que Ferrovial una gran empresa, que trabaja sobre todo en la obra pública, va a trasladar su sede social a otro país con menor tributación, y como crítica a un economista que lo defiende alguien comenta irónicamente que seguro es de los que lleva la bandera de España en la pulsera. 

La crítica me ha impresionado porque yo a veces he llevado la banderita y también veo bien lo de trasladar la sede social si así liberan recursos que permiten a la empresa crecer, contratar personal y pagar sueldos y dividendos, así que me he dicho "¿habrá algo erróneo en mi?"

El primer libro de calado que leí fue un conjunto de ensayos de pensamiento que se llamaba Ser Español escrito por el filósofo Julián Marías. Era este un escritor hondo y no exento en ocasiones de humor, atributo muy propio de personas pensantes. En un ensayo (de otro libro) sobre el Estado hacia un juego de palabras diciendo que había algo "demoniaco" en la pretensión del Estado de estar en todo y controlarnos a todos y que quienes lo defendían solían ser "pobres diablos".  Pero este autor no solía bromear cuando defendía que la nuestra era una Nación antigua y que debía proyectar su futuro en unión al resto de países hispanos, en lo que llamaba las Españas. Este hombre siempre pagó sus impuestos aquí, aunque hay que reconocer que, por su escasa economía, nunca debieron de ser mucha cantidad.

Mi España no coincide con los límites de las fronteras del Estado que hoy se denomina así (a veces me siento en casa fuera de esas fronteras y a veces extranjero dentro de ellas), ni tampoco se circunscribe a las pocas décadas que me ha tocado vivir. Disfruto visitando cuevas de arte rupestre, castros celtas y antiguas villas romanas, me emociono con la poca arquitectura visigoda que queda y hasta degusto las palabras árabes de nuestra lengua como ojalá (quiera Alá). No disfruto sin embargo con eso que llamamos "Las Instituciones", nunca me emociono (para bien quiero decir) ante una administración pública, un texto legislativo o un recibo de contribución

Mi patria por tanto no son los impuestos ni las políticas públicas, y respecto a las personas  no creo que nadie tenga derecho a considerar más patriota al que paga lo que le obligan que al que no paga lo que no le obligan. 

Creo que a la hora de planificar la fiscalidad el único limite a tener en cuenta no es el del patriotismo sino esa tenue línea que nunca hay que traspasar: la de la legalidad.  Si una empresa toma una decisión legal y ello conlleva pagar menos impuestos no veo en ello nada, ni poco ni mucho, patriótico o antipatriótico.